La galvanización en caliente: breve reseña histórica

Desde la antigüedad el hombre viene utilizando el hierro para la fabricación de útiles y herramientas de uso doméstico, agrícola o artesanal. No fue, sin embargo, hasta la revolución industrial del siglo XVIII, con el advenimiento del Horno Alto de coque y la invención de la máquina de vapor, cuando el hombre emprende la producción masiva de este metal.

El siglo XIX aportó la solución a la conversión industrial del hierro en acero y la posibilidad de utilizar este producto mejorado en una infinidad de nuevas aplicaciones y servicios. Desde la segunda mitad del pasado siglo hasta la actualidad se han producido numerosos e importantes avances en las tecnologías de producción de los aceros y en la mejora de sus propiedades, que han impulsado y diversificado sus utilizaciones hasta hacer del acero el material sin el que no podría concebirse la civilización moderna.

Las claves de este éxito son sin duda la elevada resistencia mecánica de este material, su facilidad de conformación, su adaptabilidad, su coste relativamente bajo y su facilidad de reciclado.

Pero el acero, que se obtiene de minerales constituidos por compuestos químicos complejos, es un material termodinámicamente inestable en el medio ambiente natural y tiende a recuperar su estado inicial combinado, mediante reacción con ciertos elementos oxidantes que se encuentran en la atmósfera y el agua, principalmente oxígeno, sales y ácidos. Este proceso de combinación de los metales con el medio ambiente es lo que constituye el fenómeno de la corrosión, que conduce inexorablemente a la pérdida de sus propiedades metálicas y resistentes. Algunos especialistas evalúan las pérdidas anuales que se producen en los países desarrollados por causa de la corrosión metálica entre el 2,5% y el 3,5% de su Producto Interior Bruto. En España, la adopción creciente del galvanizado ha logrado rebajar esta cifra hasta el 2,2% del PIB, coste en el que habríamos de situar no sólo el reemplazo de las piezas defectuosas o corroídas, sino el despliegue técnico y logístico de los proyectos de rehabilitación, sueldos, transporte, etc.

Se han desarrollado muy diversos métodos para retardar el fenómeno de la corrosión del acero, con diferente grado de eficacia. Estos métodos consisten fundamentalmente en disponer una barrera aislante entre el metal y los elementos agresivos del medio ambiente circundante.

Dos invenciones, ya antiguas, han sido la base de un procedimiento de protección del acero frente a la corrosión de notable eficacia, cuya utilización y tecnología no han dejado de desarrollarse en el transcurso de los años. Fue en 1742, cuando el químico francés P.J. Malouin demostró que la inmersión del acero en zinc fundido proporcionaba un recubrimiento protector contra la corrosión de gran eficacia. Había nacido el principio de la “galvanización en caliente”. Los posteriores desarrollos de Stanislaus Sorel y la puesta a punto en 1836 de un procedimiento económico para decapar el acero abrieron la puerta a la utilización industrial de la galvanización en caliente. Fue el propio Sorel quien puso de manifiesto el efecto de “protección galvánica”, además de la protección de tipo barrera, que proporcionan los recubrimientos de zinc y que garantizan la inalterabilidad del acero de base mientras quede zinc remanente sobre la superficie del mismo. Había descubierto la protección catódica o de sacrificio. Por este motivo empleó el término “galvanisation” en su patente francesa presentada en Julio de 1837. La galvanización en caliente es, por tanto, un procedimiento de protección acreditado a lo largo de más de casi 200 años de empleo, cuya utilidad y eficacia están sobradamente probadas.

Inicialmente la galvanización se aplicó a utensilios domésticos y agrícolas de dimensiones reducidas, pero fue extendiéndose gradualmente debido a su elevada eficacia a artículos de mayor tamaño y a productos semielaborados como la chapa (patente inglesa de Morewood y Roggers, 1846), el alambre (patente de Bedson, 1860). Hoy en día, en las modernas instalaciones de galvanización general se protegen por este procedimiento una gran diversidad de piezas, artículos y fabricaciones de acero de utilización en todos los ámbitos de la industria, la ingeniería civil, la construcción, la agricultura, los transportes, las comunicaciones, y los servicios.

En España la industria de la galvanización, que dio sus primeros pasos al inicio del pasado siglo con cierto retraso con relación a los países industrializados de nuestro entorno, se ha desarrollado con apreciable vitalidad en los últimos años a impulsos del progreso de la propia industria siderúrgica así como también de las crecientes exigencias de la sociedad de disponer de materiales y productos de mejor calidad, más seguros y que presten servicio sin necesidad de mantenimiento durante prácticamente toda la vida útil de las instalaciones. En la actualidad el sector de la galvanización en caliente está constituido en nuestro país por unas 50 plantas industriales que disponen de modernos sistemas de producción y control de calidad de sus productos y que están equipadas con eficaces sistemas de protección medioambiental.

El consumo “per cápita” de acero galvanizado en España es todavía algo inferior al de los países industrializados de nuestro entorno europeo, sobre todo dentro del sector de la construcción en general y de la edificación en particular. Es de esperar que esta diferencia se vaya nivelando progresivamente, conforme se vayan imponiendo en nuestro país criterios más rigurosos de calidad, seguridad, durabilidad y sostenibilidad de las construcciones.

Cuando los productos galvanizados, después de muchos años en servicio, llegan al final de su vida útil, no constituyen en modo alguno residuos desechables. Tanto el acero como el zinc que lo recubre son reciclados y reutilizados. El acero galvanizado es un material de construcción que se sitúa en el más alto nivel o jerarquía de valor dentro de la escala de Delft, relativa al empleo sostenible de materiales en la construcción, como así lo acredita el estudio realizado por la European General Galvanizers Association (EGGA) en el año 2008, cuya traducción al español ha sido publicada por ATEG con el título “La Galvanización y la Construcción Sostenible. Guía para Proyectistas”. Esta publicación puede descargarse gratuitamente en nuestra página web.

 

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